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RODOLFO “EL NEGRO” GARCÍA
Universitario de la calle

Por David Picolomini
Fue cajonero por algún tiempo, fue caddy en el Bell Ville Golf Club y luego caddy master; correteó zapatos por innumerables ferias del país de la mano de los hermanos Correa. Aprendió el oficio de zapatero con Gabriel Saab, logrando colocar muy bien alguna media suela o algún taco. Viendo a algunos feriantes de por ahí, se le ocurrió la confección de bijouterie, para cuya venta extendía un paño sobre la vieja vereda de la Casa Rosa, autorizado por el gerente. Luego de casarse, se fue a probar suerte al sur, instalándose en Usuhaia, ayudado por Eduardo “Chajá” Santillán. Las condiciones climáticas resultaron demasiado adversas para Rodolfo, acostumbrado ya, al puro aire de la calle. Mudó entonces para el lado de Pico Truncado (Santa Cruz), donde lo aguardaba el recordado Alberto “Brujo”· Stanfield y su hermano Guillermo. Allí fue empleado, por tres meses, de los transportes que actúan en la alta montaña, donde uno sube a la gran ventisca un lunes y vuelve a ver luces de ciudades, los jueves por la tardecita. Tanto viento lo depositó nuevamente en Bell Ville, donde logró ser dependiente de los transportes de Gutiérrez, en cargas generales. De allí, derivó sin escalas a la tornería metalúrgica de Dutto. El próximo paso, lo dio al lavadero del automovilista Mario Stillo, por cuatro años y cuatro años fueron también, los que actuó como empleado de la empresa Groppo.
No se usted, pero yo, hasta aquí, le llevo contabilizados 146 años de vida al inestimable y reconocido Rodolfo, “el Negrito”, García.
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Sus gestos son elocuentes y hablan por si solos. Mira fijo convenciendo y, jamás de los jamases, eleva la voz para dirigirse al interlocutor. Explica cada detalle aunque parezca que no hace falta; sonríe encandilando a toda dentadura y puede ser considerado uno de los narradores de la comarca que mayor atención concita con cada una de sus intervenciones, reales, ficticias o mágicamente realistas.
Como verá, estuve mano a mano y frente a frente, con un verdadero producto de la calle, un estereotipo de la venta al paso, un paradigma del rebusque imaginativo, tallado a mano por él mismo, en defensa propia.
“Cansado de cambiar de actividades, decidí junto a mi esposa ‘Pocha’, iniciar un emprendimiento familiar, pero que fuera sustentable en el tiempo –dice, en plena confesión- Mi primer intento, fue fabricar yo mismo un aparato para producir pururú, tal como los había visto en cada feria que me tocaba concurrir. Cuando logré terminar la estructura, quedé entusiasmado, pero, a la vez, advertí que no tenía coraje para salir a vender por las calles de la ciudad. Debí recurrir a un amigo de entonces (mucho más caradura que yo), para que me ayudara a romper ese temor a ofrecer mi producto.
Luego de esa experiencia, decidí construir una máquina para hacer copos de nieve azucarados. Pronto quedó bien presentable, pero no fue fácil acertar con el procedimiento correcto para que los copos fueran atractivos. Al poco tiempo, ya tenía mi empresa propia y me dispuse a darla a conocer por todas partes” –se ufana, Rodolfo o, mejor dicho, el “Negrito”.
La aventura de procurar el sustento diario, involucraba la movilización familiar hacia los cuatro rumbos. A bordo de un generoso DKW carrozado, todo el “atalaje” giraba de fiesta en fiesta, por exposiciones, fiestas patronales, doma y folklore, santos populares, aniversario de pueblos y festivales. Finalizado el período lectivo de clases, se sumaban a la actividad las cuatro hijas del matrimonio, Carolina, Romina, Virginia y Florencia, para dar una mano bienvenida. Entonces, se sumaban al carromato, más colchones, para pernoctar adonde los sorprendiera la madrugada.
“En 1993, me ofrecieron la compra de un par de autitos eléctricos, para ofrecerlos a los chicos de Bell Ville, en algún paseo público. Solicité la correspondiente autorización municipal y me instalé los fines de semana en la plaza 25 de Mayo. Pronto, dividimos las tareas, para lo cual se quedaba mi esposa a cargo del alquiler de los vehículos y yo viajaba solo a los más diversos lugares del país, con venta de juguetes y mercadería que no requería tanto transporte. Así, estuve en la Quebrada de San Luis, en Catamarca, La Rioja, San Juan, Maillín (Santiago del Estero), Colonia Vignaud (Córdoba), viajando todo el año.
En esas oportunidades, uno aprende a vivir de otra manera, debiendo compartir permanentemente con gente llegada desde los más lejanos lugares, que está en la misma situación que uno...Intentando ‘procurar la moneda...’ Se comienzan a respetar los códigos clásicos del ‘busca’, se refuerza la solidaridad, sabiendo que, lo que hoy solicita un puestero vecino, mañana puede faltarle a uno...y así. De esa manera se logran cimentar amistades que perduran a través de los años. Uno recorre mil kilómetros y sabe que va a encontrarse con un colega, que viajó casi un día entero...Es, tal cual”.
Este hombre, junto a su compañera de la vida, no logró poco. Mediante el esfuerzo de la ausencia y los sinsabores de una labor que siempre depende de elementos externos; el clima, los humores regionales, la incertidumbre económica o, sin ir más lejos, una mala ubicación en el sorteo de instalación del puesto; pudo brindarle la posibilidad de alcanzar estudios terciarios a cada una de sus hijas. Construyó y fue ampliando su vivienda, dotándola de las mejores comodidades. Pudo acondicionar para esos largos raids a su vehículo -más confortable que el DKW que lo acompañó por más de 30 años- Y alcanzó la categoría de buena persona que tanto cuesta lograr, si no se está lo suficientemente preparado para ello.
“La calle te enseña lo bueno y lo malo, uno elige que es lo mas adecuado para cada uno. Los demás, con el tiempo, saben apreciar eso. Cuando a uno lo invitan a compartir aunque sea un mate mañanero, a tanta lejanía de su casa. Cuando, esos mismos desconocidos, te confían sus pocas cosas, pero que le son las herramientas para subsistir, eso te va demostrando que se está por el buen camino. Además, hay que ser agradecido a ese cliente que colabora para que uno pueda seguir adelante, no puede hacerse uno de enemigos entre ellos...Veinticinco años, hace que trabajamos en la plaza 25 de Mayo, por ejemplo...Creo que, el 80 por ciento de los niños de Bell Ville, han sido clientes nuestros, no recuerdo mayores quejas sobre nuestra atención, o nuestro servicio”.
Ese es el “negrito” García; el del “pochoclo”, los copos de nieve o los autitos eléctricos de la plaza. Habla al “verre” y discursea con el más completo lunfardo bellvillense... Le sonríe a la vida para entrar en confianza... Nunca se sabe cuando se pueda precisar favores de ella.
De cada situación, atesora una anécdota jugosa, que demuestra el talante con que se mueve por la tierra.
“Una vez, andaba ‘pelado, pelado’...Me encuentro con un amigo fotógrafo que se hallaba en la misma situación...Justo esa noche, se disputaba en el estadio de Bell un importante partido de básquet, entre las selecciones de Argentina y Venezuela...Pensando en las posibilidades de mi amigo, le propuse tomar fotografías de la gente durante el partido y revelarlas antes del final...Así hicimos...Pero, cuando ya, todo estaba por concluir, mi amigo no volvía y yo creí que se frustraría nuestro ‘negocio’.
Segundos antes de que la gente se fuera, apareció mi amigo, y yo, ante el asombro de todos, distribuí las fotos que habían sido tomadas media hora antes. ¡Fue un golazo!!”
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Lalo Filippi grabó «Fueye»

Como una manera de dejar testimonio de su pasión por el tango y, en especial, por el bandoneón, el Dr. Edgardo Filippi, más conocido por su sobrenombre de "Lalo", editó un compacto musical llamado "Fueye", grabado en un estudio local y con un excelente nivel de audio.
El trabajo incluye 16 temas, interpretados solo con bandoneón, en una clara demostración de la solvencia con que se desenvuelve con tan difícil instrumento, que exige la utilización de ambas manos y en donde las notas tienen un sonido al abrir y otro muy distinto al cerrar.
Así es como puede escucharse Milonguita, Divina, Loca bohemia, Don Agustín Bardi, Fueye, Mal de amores, Margarita Gauthier, Sur, Silbando, Los mareados, Ti pálido final, Cuando tallan los recuerdos, Después, Cada vez que me recuerdes, Desencuentro y, en el final, Ensueños.
Lalo no es un improvisado en la ejecución del bandoneón, ya que aprendió a tocarlo desde niño, primero en su Chilibroste natal y luego, a los 12 años, en Bell Ville con el maestro Antonio Brándoli, quien un año más tarde lo sumó a su orquesta, que no solo animaba los bailes de la zona, sino que recorría la provincia y parte del país. Recordemos que estamos hablando de la época de oro del tango, cuando esta música era lo que mayormente se bailaba en los clubes.
Luego participó de otro emprendimiento musical llamado "Típica la Juventud", junto a Guido y Ernesto Talavera, Omar Licari, Puch y otros, y en donde cantaba Víctor Rainero.
Mas adelante tuvo un sexteto que se llamaba "Los astros del tango" que, entre otros, incluía a Ricardo Roth en piano, José Ariza en contrabajo y Roberto "Cachi" Grandi como cantante.
Con el tiempo Lalo se recibió de abogado, formó una familia y se dedicó a la profesión, llegando incluso a ocupar el cargo de Juez Federal, por lo que el bandoneón pasó a un segundo plano. Sin embargo, en los momentos libres, este instrumento maravilloso volvía a sus manos, como una manera de no perder su vínculo con el tango y, además, mantener activa la digitación, algo tan difícil de lograr y que lleva muchos años de estudio.
Ya jubilado, el tiempo para la música, aunque más no sea en la intimidad de su casa, fue mayor y de ahí la necesidad de dejar un testimonio de algo que fue parte de toda su vida. Lamentablemente, su modestia y perfil bajo no le han permitido aceptar numerosas invitaciones para expresar sus sentimientos musicales en público. Ojalá la edición de este trabajo sea el pretexto para vencer tal impedimento.
Escuchar su CD es disfrutar no solo de hermosas melodías de grandes autores, sino también de su forma de interpretar cada uno de los temas, en donde logra expresar su fina sensibilidad y buen gusto.
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Scouts de Bell Ville celebraron el centenario de la
organización con un gran campamento en Mar del Plata

Una multitud se reunió en el Parque Camet en las cercanías de Mar del Plata para celebrar los 100 años del Movimiento Scout en la Argentina, con delegaciones de todo el país y otras internacionales. Fueron unos 16.000 scouts, entre ellos una veintena del grupo local “Francisco Tau”, que vivieron con gran fervor una semana plena de actividades que finalizó con un recital de la banda de Rock “Kapanga”.
Los bellvillenses remitieron una crónica del cierre del evento que los tuvo como parte protagonista para celebrar el centenario en Argentina de esta organización mundial, al tiempo que destacaron el excelente nivel de organización y de comunión con sus pares de todo el país.
En la ceremonia de cierre, el primero en pisar el escenario del Campamento fue el locutor Luis Otero, quien se encargó de dirigir la parte protocolar de la velada, junto a un periodista mendocino que también pertenece a la Asociación Cruz Calvet. La ceremonia de clausura comenzó a las 21 con la asunción de Gerardo Mattei como nuevo presidente de Scouts de Argentina Asociación Civil, mientras que Luis Tornatore hizo su promesa como nuevo Director Ejecutivo de esta organización.
Otro de los grandes protagonistas de la noche, fue el músico Charly Alberti, que junto a Mariana Díaz realizaron una conferencia multimedia mostrando su compromiso con el cuidado del Medio Ambiente. Allí el artista invitó a los scouts de Argentina para que, junto a su Organización R21, sean “guardianes del planeta”.
Una vez que se cumplieron con las cuestiones formales, se procedió a pasar el video mostrando por pantalla gigante, imágenes de lo vivido en estos días de Jamboree. “La emoción fue completa, todos han derramado más de una lágrima, porque al observar el video, recordaron los lindos momentos que han podido compartir en estos siete días”, señalaron los organizadores del evento.
Alrededor de las 22:45, subió al escenario denominado “Gran Fogón”, la banda musical que hizo bailar a las 16 mil personas que estaban acampando en Mar del Plata. Martín Fabio, conocido como “el mono”, líder de la banda Kapanga, tuvo muy buena onda con los jóvenes y aprovechó para felicitarlos por la tarea que es ser scout, en estos tiempos.
Antes de este gran cierre, los jóvenes scouts vivieron un sinnúmero de actividades y tuvieron varias visitas, entre ellas la del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien estuvo acompañada por el músico Charly Alberti. Durante el paseo que realizó el gobernador dentro de la “ciudad Jamboree”, el mandatario provincial no ocultó su sorpresa y se mostró maravillado con las instalaciones confeccionadas por los Scouts dentro del predio marplatense.
Ante esta visita, el coordinador provincial de Scouts de Argentina Marcelo Oliden expresó: “el compromiso y el acompañamiento de parte de Daniel Scioli, hacia el scoutismo en la República Argentina, es un reconocimiento al trabajo realizado por esta Asociación Civil durante estos 100 años. Nuestra meta es la de formar personas de bien que se propongan construir un mundo mejor, por eso vemos con gran satisfacción el respaldo del Estado”.
Así se celebró este Centenario del Movimiento Scouts del país, con un nuevo record: el “Jamboree del Centenario” fue el campamento de mayor convocatoria en la historia del Movimiento Scout de la Argentina.
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